No se ve sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

martes, 24 de enero de 2012


Ninguno de los dos sabía muy bien qué estaba pasando. Sentados en el banquito de la plaza, su brazo sobre los hombros de ella, sus manos entrelazadas, apoyadas sobre su pierna, los dos mirando a los chicos jugar. Ninguno de los dos decía nada, ninguno sabía en realidad qué decir. Todavía podían sentir en sus labios el suave sabor salado del beso que se acababan de dar. Cada uno podía sentir la sonrisa del otro, a pesar de que no estaban mirándose. Ninguno de los dos sabía cuánto duraría esa sonrisa, pero tampoco les importaba. Les importaba disfrutar de ese momento, ese “ahora”, ese “hoy”. Era un momento mágico, y querían hacerlo eterno.  

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