Mirando
a través de una ventana empañada, me descubrí mirando al vacío. No veía un
punto fijo, miraba la nada. Es que... ¡no había punto fijo! Por más que me
esforcé, no logré encontrar ningún objeto nítido detrás del vidrio. Todo
borroso, como si no hubiera nada concreto ahí afuera.
Me puse a pensar en mi vida. Muchas veces me
pasa que me siento en el medio de una neblina espesa, espesa. Me siento así de
perdido, siento que no tengo rumbo ni dirección. Es en esos momentos en que
pienso que no hay nada concreto. No veo nada nítido ahí afuera, sólo bruma. No
sé qué dirección tomar, porque me parece que cualquiera me llevará al lugar
menos esperado.
Pero
entonces una señora limpió con su manga el vidrio empañado. ¿Y quizás es eso lo
que hay que hacer? Buscar quitar esa bruma que nos impide ver por dónde vamos.
Agarrar y limpiar el vidrio. Por ahí así es más fácil no perderse...
No hay comentarios:
Publicar un comentario