19:30 hs
Acá estoy, en la casa de mi papá... Acabamos de volver del río en bicicleta, y ya la calma que antecede a la tempestad nos anunciaba que una tormenta se avecinaba. Los rayos se vislumbraban desde la calle, en el cielo, donde se veía cómo partían a las nubes en dos, con su luz.
Entramos. Tranquilidad absoluta. Algo anda mal. Salimos al patio para contemplar a los árboles balanceándose. El viento que mece los robustos troncos y la obscuridad provocada por la noche y las nubes, dan la sensación -esa extraña sensación- de que la Hora le ha llegado al planeta.
Volvemos adentro. Es después de merendar, que me pongo a hacer la tarea de matemática que tengo para mañana. Tranquilidad absoluta.
Termino. Me siento en el sillón a ver a mi hermano jugar al Pacman.
Se empiezan a escuchar alguna gotas que golpean sobre el techo de chapa del patio del departamento. De repente, un golpe seco. "Debe ser un fruto que cayó del árbol", pienso.
Otro golpe, más fuerte esta vez. Y otro. Y otro. Parecen bombas, pero en ningún momento se me ocurre pensar que sean piedras las que están cayendo prácticamente sobre nuestras cabezas.
Mi papá, en la cocina, nos llama. Hacia allá me dirijo, cuando se escucha un golpe tan fuerte que todos nos tapamos automáticamente los oídos.
Llegamos a la ventana de la cocina, que da al patio, y vemos, atónitos, que una piedra de 5 cm. de diámetro ha caído ahí. Se empiezan a escuchar más golpes, y más seguidos...
Mi hermana se tapa los oídos. Tiene miedo. Todos lo tenemos. Los golpes son infernalmente fuertes. Se escuchan ruidos en el piso de arriba. El agua brota de la rejilla del patio.
Y después, la calma otra vez. Los golpes cesan. La lluvia cesa. Todo terminó-
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